Avanzar desde mis fortalezas: usar lo que tengo para seguir adelante
En muchas etapas de la vida —y especialmente durante la adolescencia— es común poner el foco en lo que falta: lo que no sé hacer, lo que me cuesta, lo que otros hacen mejor. Esta mirada constante hacia las debilidades puede generar desánimo, inseguridad y la sensación de que avanzar es más difícil de lo que realmente es.
Sin embargo, crecer bien no empieza preguntándome qué me falta, sino qué tengo. Cada persona posee fortalezas, aunque no siempre las reconozca. A veces son evidentes; otras, más silenciosas. Pero están ahí: en la manera de pensar, de sentir, de relacionarse y de enfrentar las dificultades.
Pero… ¿qué son realmente las fortalezas personales? ¿Son solo talentos visibles? ¿Cómo puedo usarlas para avanzar hacia mis metas? ¿Qué pasa si no me siento “bueno” en nada? Estas preguntas son clave para aprender a avanzar con mayor confianza y dirección.
Este post invita a reflexionar sobre las fortalezas personales y sobre cómo usarlas conscientemente para avanzar hacia los objetivos, incluso cuando el camino no es fácil.
1. Las fortalezas personales: más de lo que imagino
Las fortalezas no son solo habilidades extraordinarias ni cualidades llamativas. También incluyen capacidades cotidianas como la perseverancia, la empatía, la responsabilidad, la creatividad, la capacidad de escuchar o el esfuerzo constante.
Muchas personas no reconocen sus fortalezas porque las consideran “normales” o poco importantes. Sin embargo, son precisamente esas cualidades las que sostienen el crecimiento a largo plazo. Una fortaleza no siempre brilla; a veces sostiene en silencio.
Reconocer mis fortalezas es aprender a mirarme con más justicia y menos exigencia.
“Mis fortalezas no me hacen perfecto; me hacen capaz.”
2. Descubrir mis fortalezas a través de la experiencia
Las fortalezas no siempre se descubren pensando, sino viviendo. A menudo aparecen cuando enfrentamos retos, cuando algo nos cuesta y aun así seguimos adelante. En esos momentos se revela de qué estamos hechos.
Preguntas como: ¿qué me ayuda a no rendirme?, ¿en qué suelo apoyar a otros?, ¿qué hago bien incluso cuando me siento inseguro?, pueden dar pistas importantes sobre nuestras fortalezas.
El error y la dificultad no son enemigos del crecimiento; son escenarios donde las fortalezas se ponen a prueba y se desarrollan.
“Las dificultades no borran mis fortalezas; las muestran.”
3. Usar mis fortalezas para avanzar hacia mis metas
Las metas no se alcanzan solo con motivación; se alcanzan usando de manera inteligente las propias fortalezas. Cuando una persona conoce lo que se le da bien, puede apoyarse en ello para avanzar, incluso en terrenos nuevos.
Por ejemplo, alguien con buena capacidad de organización puede usarla para planificar mejor sus estudios; alguien empático puede apoyarse en esa cualidad para construir relaciones sanas; alguien perseverante puede avanzar paso a paso, aunque el progreso sea lento.
No se trata de forzarse a ser otro, sino de usar lo que ya soy como punto de apoyo.
“Avanzar no es cambiar quién soy, sino usarlo a mi favor.”
4. Fortalezas, metas y autoestima
Cuando las metas se construyen desde las fortalezas, la autoestima se fortalece de forma natural. La persona deja de verse solo como “insuficiente” y empieza a reconocerse como alguien en proceso, con recursos internos reales.
Esto no elimina las debilidades, pero cambia la relación con ellas. En lugar de paralizar, las dificultades se convierten en áreas de aprendizaje. La autoestima deja de depender solo de los resultados y se apoya en el esfuerzo y la coherencia.
Crecer bien implica aprender a avanzar sin desvalorizarse.
“Reconocer mis fortalezas me ayuda a confiar en el camino.”
5. Avanzar paso a paso, desde lo que soy
Nadie avanza de golpe. El crecimiento real ocurre paso a paso, usando lo que se tiene en cada momento. Hoy puede ser la paciencia, mañana la creatividad, otro día la capacidad de pedir ayuda.
Usar las fortalezas personales no significa no cansarse ni no dudar; significa seguir avanzando a pesar de ello. Cada pequeño logro refuerza la confianza y abre nuevas posibilidades.
Avanzar desde mis fortalezas es una forma de respeto hacia mí mismo y hacia mi proceso.
“Paso a paso, con lo que soy, también se llega lejos.”
Consideraciones finales
Las fortalezas personales no son un premio para unos pocos; son recursos que todos poseemos, aunque a veces cueste verlos. Reconocerlas, desarrollarlas y usarlas para avanzar permite construir metas más realistas, un crecimiento más sano y una autoestima más estable.
Avanzar no requiere ser perfecto.
Requiere reconocer lo que tengo y usarlo con conciencia.
Con cariño,
Dr. Arturo José Sánchez Hernández, tu amigo en la promoción de salud 💛🌿✨
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