Regular las emociones para calmarme y sentirme mejor: Aprender a tranquilizarme por dentro
Hay momentos en los que la emoción no solo se siente en la mente, sino también en el cuerpo. El corazón late rápido, los pensamientos se aceleran, el cuerpo se tensa y parece imposible relajarse. En esos instantes, muchas personas creen que “algo está mal” con ellas o que deberían poder calmarse de inmediato. Esta creencia genera frustración, culpa y una lucha interna que solo intensifica el malestar.
Pero… ¿realmente sabemos cómo calmarnos? ¿Nos enseñaron alguna vez a tranquilizar el cuerpo cuando la emoción sube? ¿Es posible aprender a sentirse mejor sin negar lo que se siente? ¿Qué pasa cuando entendemos que calmarse no es rendirse, sino cuidarse? Estas preguntas abren la puerta a una forma más amable y efectiva de regular las emociones.
Este post te ayudará a comprender cómo funciona la activación emocional, por qué el cuerpo necesita calmarse antes que la mente y qué estrategias sencillas pueden ayudarte a recuperar la calma y el equilibrio emocional.
1. Cuando la emoción toma el cuerpo
Las emociones no solo se piensan, se sienten físicamente. El enojo, el miedo o la ansiedad activan el cuerpo como si hubiera una amenaza real: respiración rápida, tensión muscular, inquietud, dificultad para concentrarse. Es una reacción automática del sistema nervioso.
En este estado, pedirle a alguien que “se calme” o que “piense mejor” no suele funcionar. El cuerpo está en alerta, y mientras eso ocurra, la mente no puede relajarse. Comprender esto cambia la manera en que nos tratamos cuando estamos alterados: no estamos fallando, estamos activados.
“El cuerpo se activa primero; la calma llega después.”
2. Calmar no es apagar: es regular
Muchas personas confunden calmarse con reprimir la emoción. Intentan ignorarla, distraerse a la fuerza o “aguantarse”. Sin embargo, la emoción no desaparece; queda guardada y suele volver con más intensidad.
Regular implica algo distinto: ayudar al cuerpo a bajar la activación, sin negar lo que se siente. Calmarse no es dejar de sentir, sino permitir que la intensidad disminuya para poder pensar con mayor claridad.
Calmar es cuidar el sistema emocional, no silenciarlo.
“Calmarme no es rendirme; es darme tiempo.”
3. El cuerpo como puerta de entrada a la calma
Cuando la emoción es intensa, el cuerpo es el camino más rápido para recuperar el equilibrio. Algunas acciones simples pueden marcar una gran diferencia:
respirar lento y profundo,
mover el cuerpo suavemente,
estirarse,
sentarse en silencio unos minutos,
sentir los pies en el suelo.
Estas acciones envían al cerebro un mensaje claro: no hay peligro inmediato. Poco a poco, la activación baja y la emoción se vuelve manejable.
Primero se calma el cuerpo; luego se ordena la mente.
“El cuerpo entiende la calma antes que las palabras.”
4. Aprender a sentir seguridad interna
Muchas personas buscan calma en el exterior: en otros, en distracciones constantes o en estímulos fuertes. Sin embargo, una parte esencial de la regulación emocional es desarrollar una sensación de seguridad interna.
Esto se construye aprendiendo a:
reconocer cuándo estoy alterado,
aceptar que necesito una pausa,
darme permiso para tranquilizarme sin culpa.
Sentirme seguro por dentro no significa que nada malo ocurra, sino que tengo recursos para cuidarme cuando ocurre.
“Sentirme seguro no depende de que todo esté bien, sino de saber cuidarme.”
5. Calmarme también es una decisión
Aunque la emoción aparezca sola, la calma se cultiva. Elegir respirar, detenerme o alejarme un momento de una situación no es huir, es protegerme. Muchas reacciones impulsivas ocurren porque no hubo espacio para calmarse primero.
Aprender a priorizar la calma es aprender a priorizar la salud emocional. No siempre será fácil ni inmediato, pero cada intento fortalece esta habilidad.
“Calmarme es una forma de respeto hacia mí mismo.”
6. La práctica constante hace la diferencia
Nadie aprende a regular sus emociones de un día para otro. La calma se entrena en momentos pequeños, no solo en crisis grandes. Practicar cuando la emoción es moderada facilita hacerlo cuando es intensa.
Con el tiempo, el cuerpo aprende que existen alternativas al desborde. La confianza interna aumenta y las emociones dejan de sentirse como enemigas.
La regulación emocional no es perfección; es práctica.
7. Sentirme mejor no significa que todo desaparezca
Aprender a calmarme no hace que los problemas se esfumen, pero sí cambia la manera en que los enfrento. Cuando estoy más tranquilo, pienso mejor, comunico mejor y decido mejor. El bienestar no está en no sentir, sino en saber volver al equilibrio.
Sentirme mejor es un proceso interno, no una exigencia externa.
“Puedo sentir y, aun así, aprender a estar en calma.”
Consideraciones finales
Aprender a calmarme y sentirme mejor es una habilidad fundamental para crecer bien. No se trata de eliminar las emociones, sino de acompañarlas con cuidado y respeto. Cuando sé cómo tranquilizarme, dejo de pelear conmigo mismo y empiezo a confiar más en mis recursos internos.
La calma no llega por obligación; llega cuando me doy permiso para cuidarme.
Con cariño,
Dr. Arturo José Sánchez Hernández,
tu amigo en la promoción de salud 💛🌿✨

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