Regular las emociones sin apagarlas: Reconocer lo que siento y elegir cómo responder
Hay momentos en los que una emoción aparece con tanta fuerza que parece tomar el control de todo: del cuerpo, de los pensamientos y de las decisiones. Enojo, tristeza, miedo o frustración surgen de repente y, antes de darnos cuenta, ya reaccionamos de una forma que luego lamentamos. Entonces aparecen frases como “soy demasiado sensible”, “no sé controlar mis emociones” o “siempre reacciono mal”, que solo aumentan la culpa y la confusión.
Pero… ¿de verdad regular las emociones significa apagarlas o reprimirlas? ¿Es lo mismo sentir una emoción que reaccionar impulsivamente? ¿Qué pasa cuando el cuerpo va más rápido que la mente? ¿Cómo aprender a reconocer lo que siento sin dejar que eso me domine? Estas preguntas son esenciales para dejar de luchar contra las emociones y empezar a relacionarnos con ellas de una forma más sana.
Este post te ayudará a comprender qué es la regulación emocional, por qué reconocer las emociones es el primer paso y cómo aprender a responder con más calma y conciencia, sin negar lo que sientes ni dejar que la emoción decida por ti.
1. El impacto emocional inicial
Las emociones no avisan. Aparecen como una reacción automática ante lo que vivimos: una palabra, una mirada, una pérdida, una frustración. En esos primeros segundos, el cuerpo reacciona antes que la razón. El corazón se acelera, los músculos se tensan, la respiración se vuelve rápida. Es el sistema emocional activándose para protegernos.
En este momento inicial no hay control ni elección consciente. Pretender “pensar con calma” justo ahí suele ser imposible. Por eso muchas personas se juzgan duramente por reacciones que ocurrieron cuando el sistema emocional estaba desbordado. Entender esta fase es clave: sentir no es fallar, es una respuesta humana.
El problema no es la emoción, sino lo que hacemos con ella después. Cuando no reconocemos lo que sentimos, la emoción se expresa sola, generalmente en forma de impulsividad, silencio extremo o explosión.
“Las emociones aparecen solas; aprender a responder lleva tiempo.”
2. Reconocer la emoción: ponerle nombre a lo que siento
La regulación emocional empieza con algo muy simple y a la vez muy poderoso: reconocer la emoción. Muchas personas reaccionan sin saber realmente qué están sintiendo. Dicen “estoy mal” o “estoy raro”, pero no logran identificar si es enojo, tristeza, miedo o frustración.
Ponerle nombre a la emoción no la intensifica; al contrario, la ordena. Cuando digo “estoy molesto” o “me siento frustrado”, mi cerebro comienza a procesar la emoción de forma más consciente. Dejo de estar completamente dentro de ella y empiezo a observarla.
Este paso no elimina la emoción, pero sí reduce su poder desbordante. Reconocer lo que siento es el primer acto de regulación.
“Nombrar la emoción es empezar a calmarla.”
3. Emoción y reacción: no son lo mismo
Una de las confusiones más frecuentes es creer que emoción y reacción son lo mismo. No lo son.
La emoción es interna; la reacción es la conducta.
Puedo sentir enojo y elegir hablar con calma.
Puedo sentir tristeza y elegir pedir ayuda.
Puedo sentir miedo y elegir detenerme a pensar.
Cuando no distinguimos entre emoción y reacción, sentimos que no tenemos opción, como si la emoción nos obligara a actuar de determinada manera. En realidad, la emoción no decide; informa. La decisión aparece después, cuando aprendemos a crear una pequeña pausa.
“Sentir no me define; cómo respondo, sí.”
4. La pausa como puente entre sentir y responder
Regular emociones no significa eliminarlas, sino crear una pausa entre lo que siento y lo que hago. Esa pausa puede ser muy breve, pero es decisiva. Respirar profundo, contar unos segundos, mover el cuerpo o simplemente guardar silencio permite que el sistema emocional se calme lo suficiente para que la mente participe.
Sin esa pausa, reaccionamos en automático. Con ella, aparece la posibilidad de elegir. La pausa no cambia lo que siento, pero sí cambia lo que hago con eso que siento.
Aprender a pausar no es debilidad; es autocontrol saludable.
“Entre la emoción y la reacción existe un espacio: ahí nace la libertad.”
5. Regular no es reprimir: sentir también es necesario
Muchas personas creen que regular emociones es no sentirlas, “aguantarse” o hacerse el fuerte. En realidad, reprimir emociones suele provocar el efecto contrario: tarde o temprano salen de forma más intensa, desordenada o dolorosa.
Regular implica permitir que la emoción exista, escuchar su mensaje y responder de forma más cuidada. Las emociones tienen una función: el enojo señala límites, la tristeza señala pérdida, el miedo señala peligro. Ignorarlas nos deja desorientados.
Sentir no es perder el control; perder el control es no entender lo que siento.
“Las emociones escuchadas se calman; las reprimidas se intensifican.”
6. La regulación emocional se aprende
Nadie nace sabiendo regular sus emociones. Es una habilidad que se construye con el tiempo, especialmente en la infancia y la adolescencia. Por eso es tan importante que los adultos acompañen, nombren emociones y modelen respuestas saludables.
Aprender a regular emociones no es un camino rápido ni perfecto. Habrá avances y retrocesos. Lo importante es desarrollar conciencia y autocompasión en el proceso. Cada intento cuenta.
Regular emociones no es dejar de sentir; es aprender a cuidarse mientras se siente.
7. Integrar lo aprendido y mirar hacia adelante
Cuando aprendemos a reconocer nuestras emociones y nuestras reacciones, empezamos a relacionarnos mejor con nosotros mismos y con los demás. Disminuyen los conflictos impulsivos, mejora la comunicación y aumenta la sensación de control interno.
Este aprendizaje sienta las bases para otros procesos importantes: la toma de decisiones, las relaciones sanas y el proyecto de vida. No se puede elegir bien si primero no aprendemos a reconocer lo que sentimos.
“Quien aprende a regular sus emociones, aprende a cuidarse.”
Consideraciones finales
Reconocer mis emociones y mis reacciones no me hace débil; me hace consciente. La regulación emocional no consiste en apagar lo que siento, sino en aprender a escucharlo y responder con mayor claridad. Cuando entiendo mis emociones, dejo de luchar contra ellas y empiezo a usar esa información para vivir con más equilibrio.
Regular mis emociones es una habilidad que se aprende, se practica y se fortalece con el tiempo. Es una de las bases más importantes para crecer bien, relacionarme mejor y tomar decisiones más sanas.
Con cariño,
Dr. Arturo José Sánchez Hernández,
tu amigo en la promoción de salud 💛🌿✨

Comentarios
Publicar un comentario