LA CULPA DE QUIEN NO PUDO SALVAR
Hay una culpa especialmente dolorosa: la culpa de quien siente que no pudo salvar a alguien. Puede aparecer después de una muerte, una enfermedad, un accidente, una crisis emocional, una pérdida o una situación grave en la que la persona cree que debió haber hecho más. Esta culpa suele apoyarse en una pregunta cruel: “¿Y si yo hubiera estado allí?”, “¿Y si hubiera llamado antes?”, “¿Y si hubiera sabido?”, “¿Y si hubiera actuado de otra manera?”. A veces esas preguntas ayudan a revisar hechos reales, pero otras veces se convierten en una trampa que acusa a la persona por no haber hecho lo imposible. No siempre que alguien muere, enferma o sufre significa que otra persona falló. Hay situaciones donde no hubo aviso, no hubo acceso, no hubo tiempo, no hubo recursos o no hubo oportunidad real de intervenir. En esos casos, la pérdida duele profundamente, pero el dolor no debe convertirse automáticamente en culpa. CUANDO LA PERSONA SE ACUSA POR NO HABER HECHO LO IMPOSIBLE Muchas personas se a...